Otros artículos archivos - Kidü

Category "Otros artículos"

1Feb2019

Para nuestros niños , una de las mejores experiencias durante la infancia va a ser ir al colegio, hacer nuevos amigos y desarrollarse rodeados de pequeños muy diferentes y los que aprenderá cosas nuevas cada día.

Es en este momento de sus vidas en las que podemos ayudarlos a desarrollar las habilidades blancas que son aquellos atributos o capacidades personales que nos permiten interactuar con otras personas de manera efectiva, y crear vínculos positivos que nos ayuden a alcanzar un óptimo bienestar personal y para los demás.

“Las habilidades blandas pueden ser aprendidas o desarrolladas desde muy temprana edad, y potenciadas a lo largo de la vida. Por eso, es importante considerar que, como cualquier aprendizaje, es un proceso de prueba y error por el que pasa el niño para lograr interiorizarlas”, menciona Camila Bossano, Master en Desarrollo Social y Coordinadora de Desarrollo Personal de Innova Schools.

Estas se diferencian de las habilidades duras en tanto que estas últimas se refieren a las competencias que las personas aprenden para ejecutar tareas específicas y que se relacionan con el currículo académico. Por ejemplo, la habilidad matemática, la lectura, la biología, los idiomas, etc. Las habilidades blandas, en cambio, pueden aplicarse a cualquier situación o tarea porque se tratan de la forma en la que la persona se enfrenta a dicha situación.

Para potenciar las habilidades blandas de los niños, las madres deben tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

1. Enseñar con el ejemplo: pocas veces se ven niños empáticos o perseverantes donde los padres o los maestros no lo son. Por eso, es importante que haya preocupación por demostrarle constantemente, a través de acciones, las habilidades blandas que se desea que el niño desarrolle.

2. Permite resolver sus problemas: las situaciones problemáticas o retos que se presentan en el camino son oportunidades maravillosas para desarrollar y poner a prueba las habilidades blandas. Por ejemplo, si el niño olvida sus útiles en casa, debe resolverlo solo, aprenderá a pedir ayuda cuando lo necesite (pidiendo prestado un lápiz), desarrollará la gratitud (al agradecer a su compañero), impulsará su responsabilidad (tratará de no olvidar sus cosas) y aumentará su autoestima (resolviendo su problema por sí mismo).

3. Bríndale espacios artísticos y deportivos: las artes y el deporte son medios ideales para el desarrollo de habilidades blandas, ya que, no solo potencian la creatividad, sino que exponen al niño a situaciones de expresión complejas y lo ayudan a descubrir fortalezas y debilidades que podría no haber identificado.

4. Motívalo a realizar voluntariado: el trabajo voluntario es una de las actividades más enriquecedoras y un espacio que propicia el desarrollo de habilidades blandas. Cuando el niño sale fuera de su zona de confort, le asignan responsabilidades importantes, entiende y experimenta el impacto de su trabajo y se relaciona con personas distintas a él; todo su mundo cambia. El voluntariado desarrolla empatía, trabajo en equipo, resiliencia, control emocional, gratitud, y muchas otras habilidades que son tan importantes para nuestro bienestar.

5. Ayúdalo para identificar sus habilidades blandas: es importante que el niño identifique y sepa la importancia de estas habilidades. Cuando muestre ser empático con alguien, es importante reconocérselo. Si demuestra perseverancia en una materia, también. Al tener presente y reconocer las habilidades, permite que se interioricen con mayor facilidad.

Finalmente, es importante recordar que no hay un límite de edad para desarrollar estas habilidades y que nunca es tarde para empezar.

Inperfectas mamá

1Feb2019

Exámenes, exámenes y más exámenes. Y aun así, en muchos países de todo el mundo, los estudiantes no parecen progresar de la manera esperada a pesar de todos los esfuerzos. Todas estas pruebas tratan de medir los resultados de aprendizaje en materias clave como lenguaje, matemáticas y ciencias, pero se presta poca atención al desarrollo de carácter, la mentalidad y de otras habilidades no técnicas que son importantes para el éxito, no sólo en el ámbito escolar sino más adelante en la vida.

De hecho, el premio Nobel James Heckman, así como muchos otros, argumentan que el desarrollo socioemocional es igual de importante que el cognitivo. De hecho, es fundamental para el aprendizaje permanente. Los niños que aprenden a controlar y gestionar sus emociones son más capaces de concentrarse y resolver problemas. En este sentido, un reciente informe titulado Habilidades para el Éxito: apoyo y evaluación de hábitos fundamentales, mentalidad y habilidades  por Melissa Tooley y Laura Bornfreund me llamó la atención. A pesar de que las investigaciones han demostrado la importancia de poseer estas habilidades, los autores señalan que su enseñanza solo se encuentra en programas preescolares de alta calidad, donde se preste debida atención al desarrollo de habilidades como colaboración, perseverancia e inteligencia emocional. En el preescolar y la primaria, la tendencia más fuerte es hacia el desarrollo de habilidades académicas. Pero no me malinterpreten. No me cabe la menor duda de que todos los niños tienen que aprender a leer y escribir correctamente. Sin embargo, sí parece que el aprendizaje académico debe ir de la mano del desarrollo de habilidades emocionales claves. Por otra parte, estas habilidades son maleables y pueden continuar siendo desarrolladas y afinadas incluso en la adolescencia.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Como primer paso, tenemos que volver a la educación preescolar. Tenemos que tomar nota de la importancia que estas tienen en el desarrollo holístico del niño y en la promoción de un clima escolar positivo en programas de calidad. El juego creativo, la socialización y el trabajo en equipo son las características principales de este tipo de programas. Vuelvo a pensar en las visitas que hice a los centros preescolares de Reggio Emilia en Italia hace muchos años y en el ambiente increíblemente enérgico  que existe allí. Claramente, del preescolar y en adelante, el clima escolar y la escuela pueden tanto ayudar a promover como desacelerar el desarrollo de habilidades para el éxito. El mejor profesor del mundo no será capaz de superar las barreras que coloca un ambiente educativo negativo. Por último, en cuanto a las pruebas, una evaluación más integral de los estudiantes, que balancee la medición de habilidades académicas con pruebas formativas podría ser más útil para maestros, padres y estudiantes.

Aimee Verdisco

Especialista líder en la División de Educación

1Feb2019

Cuando somos padres, todos sin excepción QUEREMOS, soñamos y esperamos que nuestros hijos sean “felices”, sanos y logren ser exitosos y autónomos en su vida.  Qué padre no desea evitarle sufrimiento a su hijo? Incluso, en mi caso, he experimentado el deseo de “quitarles” una enfermedad o malestar a mis hijos para sentirlo yo…. Hasta allá llegamos por nuestros hijos…  ¡Nos quitamos el pan de la boca!, Diría mi mamá.

Es el ideal que cualquier niño despierte en sus padres un deseo de entrega absoluta; la cuestión está en ¿qué entendemos por entrega?, ¿qué es lo que realmente les damos en esa entrega?… ¿cosas?, ¿tiempo?,  ¿atención? ¿escucha?.

Todos QUEREMOS y trabajamos “duro” para que nuestros hijos  tengan ¡todo!. Yo pregunto: ¿tengan qué?.

Los padres de hoy en día tienen claro y reconocen que ESO” que reciben sus hijos los primeros años de vida, en su infancia, determina su vida:  su manera de relacionarse, la seguridad en sí mismos, su autoestima, su capacidad de resolver problemas, su iniciativa, en últimas, la manera como van a abordar su vida.

Así pues, vale la pena detenernos  un minuto a pensar qué es ESO que debo ofrecerles, no sin antes preguntarnos si “ESO” es lo que queremos nosotros, o es lo que necesitan nuestros hijos…

ESO, para mí, se llama Amor. Pero el amor en el que trascendemos a nuestros deseos y a los de ellos, el amor que a veces pone límites y dice que no. El amor que reconoce las habilidades y edad del otro para dejarlo ser. El amor que puede ver la grandiosidad y las posibilidades del otro y le permite desplegarlas.

Miles de preguntas y oportunidades aparecen en la vida diaria para AMAR y formar a nuestros hijos: ¿dónde duerme? (en su cama o con mamá y papá), ¿dónde y qué comen?, ¿cómo pongo normas y límites?, además, ¿cuáles normas y límites?, ¿cuánto tiempo debo jugar con ellos y a qué debo jugar con ellos?, ¿cómo debo mostrarles que se “equivocaron”?, ¿como enseño a dejar su pañal?.

Ahora bien,  cada uno de estos “momentos claves” de crecimiento se pueden abordar de dos maneras: desde lo que mi hijo quiere o desde lo que mi hijo necesita.  A  veces el camino coincide pero frecuentemente no.

La respuesta a estos interrogantes  es muy simple, y tiene que ver con el SENTIDO.  Cada cosa que hacemos, decidimos o permitimos como padres es movido por una emoción, (Culpa, felicidad, tristeza, miedo, rabia) o por un sentimiento (ilusión, esperanza, angustia,) que nos muestra qué es VALIOSO, y qué tiene SENTIDO para nosotros como familia. Y CADA cosa que hagamos, demos o permitamos a nuestros hijos va a tener una consecuencia y un aprendizaje. Si mi hijo(a) ya puede caminar (pues tiene 3 años) y para que no se canse, o por comodidad, lo llevo en coche en un trayecto corto, le doy lo que quiere… pero seguramente (para su desarrollo y su auto-concepto) necesita caminar!. Si la elección es el coche, entenderá rápidamente que no se espera de él que sea capaz de hacerlo.   Si mi hijo “decide” porque quiere  no ponerse el cinturón de seguridad, le estamos dando gusto!. Pero, ¿cuál podría ser la consecuencia?.  Cual es el SENTIDO de poner el cinturón, o dejarlo caminar?. Lo que sucede es que no es tan agradable “discutir” o negociar con nuestros hijos condiciones o acuerdos de convivencia,  pero esa es nuestra TAREA y debemos asumirla.  La disculpa de que los padres no tienen un manual de crianza o que nadie les enseñó a ser padres, se agrava cuando  vemos que realmente los que no nacen aprendidos son los niños… por lo tanto somos los adultos los responsables de las consecuencias de las primeras experiencias de vida de los niños(as).

“No es tan grave”, “no pasa nada”, “están chiquitos”, “son para consentirlos” “no tengo tiempo…”, son muchas veces los argumentos para permitir una zona permanente de confort, para no afrontar un momento de aprendizaje. ¡Y puede ser verdad!. Pero son argumentos “amorosos” y generosos si nos anticipamos a las consecuencias de la decisión que estamos tomando.

Para otros cuidadores, o quienes rodean a nuestros hijos siempre será  más  fácil “tener al chiquito contento”, y aunque en esa función de colaboración el reto es el mismo (lo que quiere el niño o lo que necesita); en estos casos a veces es  muy difícil desprenderse del QUERER del adulto.

Tener un hijo es emprender un viaje maravilloso.  Pero es un viaje que tiene que tener un destino claro y debe ser guiado por el faro del SENTIDO en la Crianza. Es importante tener una brújula y una bitácora que nos permita estar re-pensando el cómo lo estamos haciendo, cómo podemos retomar el rumbo y cómo podemos mejorarlo. Es un viaje en equipo, donde construimos camino. Así que el QUIERO muchas veces no aplica para todos. Un AMOR generoso, LA VERDADERA ENTREGA, no es tener a nuestros hijos felices ahora, es ofrecerles lo que NECESITAN para ellos aprender a ser felices… siempre.

Juanita Boada

Coach – Asesora

Vida · Familia · Educación

(310)8073445

31Ene2019

La resiliencia es la capacidad que tiene el ser humano para afrontar a las dificultades, los problemas y las adversidades de la vida, superarlas y transformarlas. Un niño que haya vivido en su temprana infancia alguna experiencia traumática y de gran dolor, puede recuperarse y sobreponerse a ello a través de la resiliencia. Es más, será capaz incluso de salir fortalecido. Se podría decir que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia.

Es importante, en la educación que se da a los hijos, que les enseñemos a que desarrollen la resiliencia, a través de conductas, del control de pensamientos y de actitudes que ellos pueden aprender con el ejemplo y orientación.

Cómo podemos desarrollar la resiliencia en 10 pasos:

1- Hacer y tener amigos

Enseñe y anime a tus hijos a hacer y tener amigos. Paralelamente, desarrolle una red familiar fuerte para que los niños se sientan amparados y aceptados. En la escuela, hay que estar atento al hecho de que ningún niño esté aislado. Las relaciones personales fortalecen la resiliencia de los niños y les brinda con apoyo social.

2- Enseñar a los niños a ayudar a los demás

Ayude a su hijo haciendo que él ayude a los demás. Ayudar a otros puede permitirle superar la sensación de que no pueden hacer nada. A través de trabajos voluntarios apropiados a su edad, así como de pequeñas tareas que les des, los niños podrán sentirse valorados. En la escuela, se podría ejercitar pequeñas iniciativas con la creación de maneras de ayudar a los demás.

3- Mantener una rutina diaria

Ayude a su hijo a establecer una rutina diaria y a seguirla. El respeto a la rutina es un sentimiento reconfortante para los niños, especialmente a los más pequeños. Ellos necesitan saber que están cumpliendo y haciendo bien sus tareas.

4- Combatir la inquietud y la preocupación

Tan importante como seguir una rutina es no obsesionarse con ella. Enseñe a su hijo a concentrarse en sus propósitos pero también a descansar y hacer cosas diferentes. Es necesario que los niños estudien pero que también jueguen y se diviertan.

5- Enseñar a los niños a cuidarse

Es importante que todos cuidemos de nuestra salud, de nuestra apariencia, de nuestro descanso… Eso debe ser inculcado en los niños, desde pequeños. Con el ejemplo, podemos enseñar a los niños a cuidarse, a que se quieran, haciendo deporte, jugando, comiendo, durmiendo bien, etc.

6- Animar a los niños a fijarse metas

Fechas importantes como el inicio del año o un cumpleaños, son ideales para enseñar a los niños a establecer algunas metas en su vida. Objetivos que ellos pueden alcanzarlos. Así ellos experimentarán el valor del logro, de lo alcanzado, y disfrutarán de los elogios. Aprenderán que tener desafíos les hacen sentirse ‘grandes’.

7- Alimentar una autoestima positiva

Ayude a su hijo a recordar cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego ayúdelo a entender que esos desafíos pasados le permiten desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros. Ayúdele a que aprenda a confiar en sí mismo para resolver los problemas y tomar las decisiones adecuadas. Enséñele a tomar la vida con humor y la capacidad de reírse de sí mismo. En la escuela, ayude a los niños a ver cómo los logros individuales contribuyen al bienestar de la clase como un todo.

8- Enseñar a los niños a ver lo positivo incluso en las cosas malas

Fomentar una actitud positiva frente a las adversidades ayudará a los niños a enfrentarse a las dificultades con optimismo y positivismo. Que después de una tempestad siempre viene la calma y que no hay que desesperarse. En la escuela, los niños pueden escuchar cuentos y desarrollar actividades que muestren que la vida sigue después de las adversidades.

9- Estimular el autoconocimiento en los niños

Hay que enseñar a los niños que con todo se aprende y se crece. Ayude a que su hijo vea cómo a lo que se está enfrentando puede enseñarle a entender de qué está hecho. En la escuela, considera conversaciones sobre lo qué ha aprendido cada estudiante después de enfrentarse una situación difícil.

10- Aceptar que el cambio es parte de la vida

Los cambios pueden a menudo ser terribles para los niños y adolescentes. Ayude a su hijo a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar con nuevas metas a aquellas que puedan haberse convertido en inalcanzables. En la escuela, se puede discutir cómo los cambios han tenido un impacto sobre sus vidas.

Fuente consultada:
– Asociación Americana de Psicología